RELATOS DE RETRATOS, DE VIAJES Y FOTOGRAFÍA

Actualizado: ene 8

Don Buzo - Trujillo

Enero del 2020. Tenía que ir a Lima, Perú a grabar un curso de iluminación y retoque para Crehana, una plataforma educativa.

Mi estadía debía a ser corta. El curso sólo me llevaría una semana y, a mi regreso, debía preparar mi viaje a España.

Sin embargo, a pesar de haber visitado Perú cuatro veces, no quería ir, cumplir y pegar la vuelta, tenía un deseo fuerte de aprovechar el viaje y conocer algún lugarcito nuevo. Este país te atrapa, te invita a ser curioso y siempre sorprende.

Entonces hice que pasaran cosas: hablé con mi amigo César Salinas de Lince y le dije que me gustaría quedarme algunas semanas más. A Cesar lo conocí hace algunos años, cuando di una charla en el Congreso Fovitech en Lima y su negocio auspiciaba mi MasterClass.

A él y a su equipo le gustó tanto la charla que me contrataron al año siguiente para dar un Workshop para su marca, así nació nuestra amistad.

Esta vez, le pedí que organizara un par de capacitaciones, para poder recorrer nuevos lugares. "Cuenta conmigo mi hermano" dijo, y nos pusimos a trabajar.

Entre sus propuestas estaba Trujillo, lugar que no conocía, así que lo consulté con don Google y ahí empezó mi romance con la "Ciudad de la eterna Primavera".

El mar, la pesca ancestral, los caballitos de totora, las ruinas, todo, absolutamente todo, me parecía sumamente fascinante.

Luego de leer un poco sobre su historia, de ver fotos y videos, mi cabeza de fotógrafo no podía parar. La adrenalina empezaba a recorrer mi cuerpo, visualmente me transporté allí, con mi cámara y mis flashes. Pensé: “Debo retratar a un pescador con su caballito, sí o sí”.

Pude ver cada foto antes de tomarla: el mar con un atardecer prendiéndose fuego de fondo, charlando con un pescador mayor con años de experiencia contándome sus increíbles aventuras.

Tal vez sea por la gran estimulación visual que tenemos los artistas, no lo sé, pero les juro que me vi ahí, extasiado con cada obturación.

El problema de que estos momentos reveladores te lleguen por la noche, antes de dormir, es que seguro el insomnio te acompañará hasta la madrugada y, totalmente entregado, le contarás cada pensamiento y cada idea, hasta terminar con el sol entrando por tu ventana, agotado mentalmente, pero con el corazón lleno de vida.

En plena Acción con mi Mochila Pampa! Foto tomada por mi amigo César Fernández Villacorta 📷

Llegué a Perú un domingo, me esperaba un lindo hotel en Miraflores a solo unas cuadras del mar. Descansé un rato y salí a caminar por el maravilloso Malecón.

Al día siguiente 9AM un Taxi me esperaba para llevarme a mí y a un colega brasileño al edificio de Crehana.

Y así se pasó la semana de grabaciones, pasando todos los días por el Circuito de Playas de la Costa Verde, charlando con mi nuevo compañero, Pedro de San Pablo, que por suerte hablaba muy bien español porque yo de portugués no entiendo nada.

Terminada la semana me fui a Lince, a reencontrarme con Cesar y esa misma noche fuimos a comer en un puesto de la calle y nos quedamos hasta las 4 de la mañana tomando Pisco y charlando con amigos. Recién ahí, sentí que había llegado a Perú.

Anticucho con Mixtura - Corazón y Víceras

La comida hecha en la calle o en un hogar, tiene una sazón diferente a la de un restaurante lujoso, beber un pisco en un bar para turistas no se compara con el que te prepara un amigo en su casa. En Argentina, por ejemplo, el asado del mejor restaurante no tiene el mismo sabor que el del domingo al mediodía en familia, porque el del domingo está hecho con el ritual, el tiempo y el amor que se merece.

Mi primer viaje a Perú fue en modo turista. Recorrí Miraflores, el centro histórico de Lima, el desierto de Ica, Islas Ballestas, Cusco, Machu Picchu y algunos lugares más.

Cuando volví al año siguiente me di cuenta que había conocido muy poco y que me faltaba conocer lo más importante: su gente auténtica.

El recepcionista del hotel, un mesero, un taxista, un vendedor, jamás te dirían "Huevón", jamás utilizarían un lunfardo, por ende, jamás los conocerías realmente.

Las siguientes semanas pasaron volando, con diferentes actividades durante el día y con amigos y pisco de noche. ¡El equilibrio perfecto!

El último día de capacitación a la medianoche salió nuestro Bus a Trujillo. Nos esperaban 8 horas de viaje. Como de costumbre, no pude pegar un ojo, un poco por la ansiedad, lo reconozco, y otro poco porque mido un 1,94m y al no poder estirarme se me acalambran las piernas, siempre. Así que llegué a Trujillo zombie, pero feliz.

A las 9:30 iniciaba el Workshop, así que tampoco hubo tiempo para descanso.

Mi cansancio no desapareció después de beber un fuertísimo café expreso, sino cuando entré a la Academia de Fotografía y todos los asistentes me estaban esperando con una sonrisa, con un saludo afectuoso y llenos de expectativa. En ese preciso momento sentí que mi energía estaba al 100%, como si hubiera dormido 8 horas.

Y esto no tiene nada que ver con el ego, sino con entender que toda esa gente depositó su confianza, su dinero y su tiempo en ese workshop.

Trujillo - Workshop día 1

El primer día de capacitación salimos al centro histórico a hacer un par de retratos, viendo diferentes técnicas para iluminar. Mientras los alumnos quedaban fascinados con los resultados, yo quedaba fascinado con los paisajes y la arquitectura del lugar.

Sacamos fotos hasta que el sol se fue por completo y cuando volvimos a la Academia, me senté en un sillón y quedé rendido, como si el cuerpo me hubiera pasado factura por mi escaso descanso y el exceso de concentración.

Creí que me dormía ahí no más, pero el destino tenía otros planes.

El director de la escuela "Runa Fotos" se acercó a contarme que el profesor de iluminación tuvo un inconveniente con el auto y no podría dar su clase. Me preguntó si podía dar una charla de Creatividad, ya que estaban todos los alumnos esperando.

No sé cómo, pero pasé de cero a cien en cuestión de segundos y salí con una sonrisa de oreja a oreja para el aula. Creo que salió una de las charlas más lindas de mi vida, por lo menos yo la percibí así. Y ahí entendí que el mismo amor que le tengo a la fotografía, le tengo a enseñar lo que amo.

Terminada la charla me hicieron un hermoso regalo: ¡un Jerk Stopper Tether Tools que tanta falta me hacía! Esa noche salimos a recorrer el centro y a comer un ceviche trujillano, y al regresar al hotel me apague por completo, no sé cómo se debe sentir un golpe de knock out, pero quedé tirado en la cama como si hubiera recibido uno.

Al otro día nos levantamos temprano, pedí que me llevaran a conocer el lugar donde íbamos a hacer los retratos para darme una idea de espacios, tamaños, composición, ópticas a utilizar, etc.

Mientras recorríamos el lugar, un alumno de Trujillo hacía de guía turístico, respondiendo las miles de preguntas que le hice a cada paso. Terminada la excursión, fuimos directo a la academia, para continuar con la segunda jornada de capacitación: llegó el turno de aprender a retocar las fotos hechas el día anterior.

El día se pasó volando a pura edición, solo paramos para almorzar y obviamente aproveché a pedir un plato típico trujillano, Perú es un país que destaca por muchas cosas, entre ellas por su variada y exquisita gastronomía.

El ultimo día en Trujillo, nuevamente nos levantamos temprano para aprovechar el tiempo. Recorrimos un poco la ciudad, fuimos a desayunar y a almorzar platos típicos en lugares no frecuentados por turistas.

Reventado de Cangrejos - Ceviche

La comida fue abundante y exquisita, cargada de sabor. Mi paladar estaba extasiado, pero esta mezcla de sabores no me iba a caer nada bien.

Aunque todavía no lo sabía, a lo largo del día mi cuerpo me lo iba a ir comunicando con un gran dolor de estómago, fuertes retorcijones, algo de fiebre, mucha transpiración y recurrente necesidad de ir al baño.

Luego del almuerzo partimos para las ruinas de Chan Chan, la ciudad construida de adobe más grande de América y segunda en el mundo, sin dudas una maravilla.

Esta ciudad precolombina es de un placer visual enorme, de color arcilla, bien monocromática con ritmos visuales por doquier, repleta de relieves y texturas.

Mientras tanto, los síntomas empezaban a manifestarse de a poco, todavía soportables, pero como un claro indicio de que se iba a poner bravo.

Ahora sí, llegó el turno de partir hacia el Balneario de Huanchaco en busca de una historia que contar.

El día estaba hermoso, con una temperatura ideal para meterse al mar, de hecho, la playa estaba llena y en mi cerebro se encendió una alarma: "Esto podría presentar un problema a la hora de hacer las fotos, ¡Mierda!” pensé, esperando que no sea nada que no pueda solucionar con una mezcla de “por favor damas y caballeros”, simpatía y algo de Photoshop.

Empezamos a caminar preguntando a todo el que se nos cruzaba si en Huanchaco había un lugareño mayor, con arrugas, experiencia e historias que contar, ese que conoce y representa la cultura del lugar a la perfección.

Ruinas de Chan Chan

La buena noticia es que esa persona existía y era muy conocida, querida y respetada por todos allí. La mala, es que estaba trabajando en la playa que es gigante y que parecía un hormiguero, nadie sabía en qué lugar encontrarlo, podía estar en cualquier lado.

Nuestro pescador es conocido por todos como "Don Buzo" un hombre de 83 años, que, a pesar de su edad, sigue trabajando.

Lo primero que hicimos fue averiguar dónde vivía para confirmar que ese día no se había quedado en casa y no buscarlo en vano por la inmensa playa. Además, tal vez un familiar podría darnos alguna pista de los lugares que más frecuenta.

Caminamos unas cuantas cuadras, con cada paso mi dolor de estómago empeoraba, pero el paisaje era tan lindo y estaba tan motivado que poco me importaba. Las calles eran muy angostas y las casas muy humildes, muchas personas caminaban, otras estaban sentadas en las veredas y a todas se las veía muy felices bebiendo alguna cervecita, algún trago, algún jugo; mientras, se escuchaba música alegre saliendo de los hogares…daban ganas de quedarse a compartir y a conversar, pero debíamos seguir porque el tiempo apremiaba.

Llegamos a la dirección, la calle era de ripio, había una despensa y un par de mesitas afuera, una de ellas ocupada por varias personas tomando whisky. La botella de Jack Daniels estaba en el centro, había música, anécdotas y carcajadas contagiosas. La mesa era de plástico y estaba despintada por el sol, algunos asientos eran sillas plásticas y otros fueron improvisados con cajones de verduras y troncos. Pocas veces en mi vida vi alegría más genuina.

Entramos a la despensa, preguntamos por Don Buzo y la persona que nos atendió nos dijo que era uno de sus nietos. Le contamos que queríamos hacerle un par de retratos a su abuelo y le gustó tanto la idea que se ofreció a ayudarnos para encontrarlo más rápido. Al salir, llamó a un par de los de afuera, que también eran nietos del pescador y que se unieron a la aventura.

Volviendo hacia la playa, el paisaje era aún más lindo, porque de fondo se veía el mar que se acercaba con cada paso.

Al llegar, el equipo se dividió para aumentar las posibilidades, todos atentos al WhatsApp por si alguno llegaba a encontrar a nuestro "Nemo".

Pasaba el tiempo y no había noticias de Don Buzo, de a poco me empezaba a desesperar.

Ya estábamos contra las cuerdas, el sol bajaba deprisa y unas nubes densas en el horizonte amenazaban con oscurecer todo.

Claro que algunas nubes en un atardecer quedan muy lindas en la composición, pero si está completamente nublado solo tapan el sol.

La situación era realmente crítica porque esa misma noche viajábamos de nuevo a Lima y tenía un compromiso al día siguiente que no se podía postergar. No había revancha posible, al menos en este viaje a Perú.

De mi esperanza ya quedaba muy poco, el sol estaba muy bajo, nadie sabía nada de Don Buzo y mi dolor de estómago ya era insoportable.

Cuando estaba a punto de tirar la toalla y pedirle a César que me lleve con un médico, escucho a lo lejos, entre el ruido de la gente: "es él, está allí".

Nos acercamos casi con desesperación:

_ “Buenas tardes, ¿Es usted Don Buzo?”

_ “ Buenas tardes jóvenes, si, así es”.

“¡Lo encontramos carajo!” Se escucha gritar a uno del grupo.

No me pregunten cómo, pero automáticamente mis dolores desaparecieron, me olvidé de ellos por completo.

Don Buzo es un encanto de persona, muy simpático y amable, dejó lo que estaba haciendo para hacer las fotos con nosotros, se lo notaba muy contento y entusiasmado.

Camino al lugar donde estaban los caballitos de totora fuimos charlando de las fotos, de su vida y de la odisea que fue encontrarlo.

Una vez en el lugar armamos todo en tiempo record, saqué de mi mochila Pampa rápidamente la Nikon y Cesar me prestó su lente Sigma 24mm, un Flash y un Beauty Dish plegable. Coloqué el radio transmisor en la cámara para disparar el flash de manera inalámbrica y puse el modificador de luz en un pie de iluminación. Ya no había tanta gente en la playa así que fue más sencillo hacernos el lugar para las fotos.

¡El sol seguía cayendo, pero nosotros estábamos preparados! Los nietos de Don Buzo nos dieron una mano, colocaron un caballito de totora a orillas del mar. No sé por qué el diminutivo, estos "caballitos" miden como 5 metros de largo y son bastante pesados. Una vez ubicado con el ángulo correcto, empecé haciendo el encuadre y la medición de la luz, expuse correctamente para el atardecer, lo que generó una linda silueta que luego iba a ser iluminada por el flash, generando un impactante contraste.

Detrás mío se instalaron algunos familiares de Don Buzo y personas atraídas por la producción de fotos. Yo sentía que tenía hinchada, aunque en realidad eran hinchas del pescador más popular del lugar.

Todo estaba listo y el atardecer era aún más hermoso de lo que había soñado, estaba feliz, pero muy feliz.

Fotografía tomada por César Salinas 📸

Sabía que eso iba a durar solo unos minutos, pero no quería conformarme solo con fotografiarlo, también quise disfrutarlo e intenté ser consciente de cada instante.

Le pedí a nuestro protagonista que se ubicara y, una vez sentado en el caballito, me acerqué a hablarle para romper el hielo y darle algunas indicaciones.

Luego le di el pie de iluminación a un compañero y le pedí que iluminara de arriba y de frente, esto significaba un gran esfuerzo, porque al no tener un pie tipo jirafa, nuestro amigo debía tener el pie levantado de manera horizontal por encima suyo para que no salga en el encuadre.

Vuelvo a mi lugar, la cámara ya estaba configurada, solo restaba elegir la potencia del flash, lo hago, enfoco y disparo. ¡Eureka!

“¡Está todo perfecto”, grité, “empecemos!”

No termino de decir esto cuando una ola tumba a Don Buzo del caballito de totora.

Mientras me invadía un gran sentimiento de culpa salí corriendo a ayudarlo, aunque sus nietos fueron mucho más veloces, enseguida lo levantaron mientras detenían también al caballito.

La herida que causó el golpe

El golpe le hizo un corte en la pierna izquierda. “No es nada” dijo y pidió que sigamos con las fotos. Tal vez estas fotos eran importantes para él, tal vez estaba acostumbrado a los golpes, tal vez un poco de las dos.

Esta vez tomamos más precauciones y un nieto se quedó al lado del caballito de totora, cada vez que venía una ola se paraba encima haciéndole peso, lo que impedía que se moviera.

Foto 1 Ola que tumbó a Don Buzo - Foto 2 Sobrino de Don Buzo haciendo peso en el caballito

Antes de comenzar, me acerqué de nuevo a Don Buzo para asegurarme de que estaba bien y de que realmente quería continuar con las fotos, me dio el visto bueno y vi en sus ojos mucha ilusión, “Hagámoslo” dijo y sonrió.

Todos nuevamente a sus lugares, disparé a modo de prueba, ajusté un poco la exposición porque el sol había bajado un poco perdiendo intensidad, volví a disparar, “todo perfecto” grité nuevamente y esta vez sí, empezamos a fotear!

En las primeras fotos me concentré en la composición, ya que la exposición y la iluminación estaban funcionado a la perfección y la expresión de Don Buzo era increíble.

En la mayoría de los retratos el trabajo expresivo es lo que más cuesta, este no fue el caso, su rostro era templanza pura, su mirada se perdía en mi lente, desafiante!

Más que intervenir quería pasar desapercibido para no distraerlo y no perder esa conexión.

Pero había algo en la composición que no me cerraba, era el remo de caña, venía de atrás hacia delante de izquierda a derecha tapándole parte del torso, esas líneas no estaban ayudando para nada a recorrer mi foto.

Entonces pensé en pasarlo para adelante y que vaya hacia atrás, de esta manera podía comenzar por la esquina inferior izquierda y llevar la mirada hacia adentro de mi encuadre tapando solo parte del pantalón.

Sabía que podía funcionar, pero me limité a imaginarlo, si pedía esa modificación temía perder la expresión y la mirada de Don Buzo, así que preferí asegurar un par de fotos así y luego pedir el cambio.

En un retrato lo que no puede fallar son las expresiones, el resto es negociable, sé que pueden no coincidir con esto y pretender la foto perfecta, lo que está bien. Claro, lo ideal es que lo técnico esté resuelto y la expresión sea perfecta también, pero entre una foto técnicamente correcta con una expresión que no transmite nada y una foto con un problemita técnico pero con una expresión que pone la piel de gallina, prefiero la segunda opción.

Ya tenía varias fotos aseguradas con una expresión que me volaba la cabeza, estaba listo para pedir la modificación. Sin moverme de mi lugar, lo primero que dije en voz alta, fue una frase de celebración: “están quedando geniales, me encantan, sigamos así" y enseguida agregué "solo modifiquemos el remo" y di la indicación precisa.

Esto era importante para hacerle saber a Don Buzo que estaba cumpliendo su parte a la perfección y que no había que cambiar nada, excepto la posición de una caña.

Don Buzo empezó a mover el remo hasta que quedó perfecto y ahí pegué otro grito de arenga "perfecto, ahí está perfecto!".

¿Su cara? Su cara no cambió, me seguía transmitiendo la misma paz y templanza que seguramente le dieron los años de vida, en su mirada había orgullo y seguridad. En ese momento le agradecí al universo y me dije: “sí, tengo la foto”.

Foto 1 - "Si, tengo la foto"

Cuando esto sucede, lo que se siente es mágico, porque acabas de crear algo que te parece estéticamente hermoso y nació de vos; pero también es liberador, porque sabes que ya lo conseguiste, se fue la presión, de ahora en más lo que venga es de yapa y lo voy a aprovechar.

Ahora puedo permitirme jugar.

La presión a la que me refiero es por las cosas que no podía controlar y que podrían haberme dejado sin las fotos.

¿Qué cosas? Por ejemplo, que las nubes tapen todo el atardecer, que el sol se vaya antes de lograrlo, que las olas se pongan bravas y no dejen el caballito de totora tranquilo, que la herida en la pierna de Don Buzo le impida seguir, que mi dolor de estómago y los retorcijones vuelvan y no me dejen continuar, etc.

Foto tomada por César Salinas

Ahora, con la clasificación ya en el bolsillo, probemos mover piezas. Dos nietos de Don Buzo se encargaron de parar el caballito de totora, que a lo alto era imponente.

Tuvieron que sostenerlo desde atrás, sin salir en la foto y, a su lado, nuestro gran protagonista, por supuesto.

En esta foto la expresión de Don Buzo ya estaba más relajada y distendida, había bajado un poco la guardia y eso me gustaba.

Creo que la mirada desafiante aplicaba muy bien en la foto anterior porque estaba en plena acción con su remo en la mano, pero acá, posando a la cámara, parecía decir “acá estoy, esto soy, esto me hace feliz y estoy orgulloso”.

No hubo mérito alguno mío, solo suerte de que así se haya dado, yo solo agradezco y lo aprovecho. En este caso, la composición fue más fácil.

Del eje de simetría pusimos a nuestro sujeto de un lado y al caballito del otro para equilibrar, un tercio de arena y dos tercios de cielo, simple regla de tercios y por último busqué que el sol quede detrás de la cabeza de Don Buzo, que ese punto fuerte de atracción visual no distraiga ni compita, al contrario, que lleve la mirada a la cabeza de nuestro protagonista.

Foto 2 "Acaba de nacer una nueva foto"

Si señoras y señores. ¡Acababa de nacer una nueva foto! “Eso fue rápido” pensé, “tengo tiempo para una más, pasame el lente 135mm que se viene el primer plano!”.

Cuando hago retratos, dejo los primeros planos para lo último, cuando ya se rompió el hielo, porque en un encuadre cerrado lo único que se ve es el rostro y si la expresión es mala, la foto es mala, punto.

En cambio, en un plano abierto, en un retrato con contexto, si la expresión no es la mejor por lo menos ocupa un porcentaje pequeño de la foto y en la composición puede haber elementos, colores y luces que ayuden con la estética y armonía de la foto.

En esta ocasión no pedí que modifiquen nada, solo cambié un lente gran angular por un teleobjetivo, para los que no entienden mucho de fotografía sería como hacer zoom.

Para esta foto de primer plano quería una expresión más genuina, obturé un par de veces y Don Buzo permanecía inmutable, así que me permití intervenir.

Miré la cámara y utilicé el recurso de la buena onda nuevamente, pero sumando al halago una pizca de humor para hacer reír a todos, incluyendo a nuestro retratado.

Entonces, por primera vez, le mostré a uno de sus nietos como iban las fotos, haciéndole algún chiste de que su abuelo era un modelo excepcional, que tenía toda la facha y ese tipo de cosas.

Para mi sorpresa, al ver la foto se emociona diciendo que no lo podía creer, al grito de: "mira estas fotos abuelo!!”.

En ese momento varios familiares se acercaron a verlas encantados, felicitando a Don Buzo.

Cuando me acerqué a él, lo noté muy emocionado y le mostré las fotos.

Tengo la sensación de que no podía verlas, no me animé a preguntar, sin embargo, seguía esa felicidad en su cara, no por las fotos sino por la alegría de los familiares y las cosas hermosas que le decían, se habrá sentido muy orgulloso.

Desde ese momento todo cambió, las fotos hablan por sí solas, nuestro querido Don Buzo empezó a sonreír y hasta se animó a jugar con diferentes poses, todos lo arengaban y el respondía con la mejor onda del mundo.

En ese momento, volví a agradecerle al universo, pero esta vez por la experiencia hermosa que estaba viviendo.

Luego de mostrar las fotos y hacer un par de chiste, llegaron las Risas y las Poses

Mientras tanto en mi cara se enfatizaba mi sonrisa y al mismo tiempo se me escapaba un lagrimón. Percibí el tiempo detenerse y los gritos y las risas silenciarse, como una película en cámara lenta en "mute", solo sentía el corazón latiendo fuerte y a toda velocidad.

Creo que fue una escapadita conmigo mismo, unos segundos de intimidad, pude verme ahí y atesorar ese momento para siempre, como una captura pero que, en lugar de grabarse en una película o en un sensor, fue directo al baúl de los recuerdos inolvidables de la mente y el corazón. Quería hacer "Control S" como en Photoshop, para asegurarme de que se guardara bien y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba de nuevo, volvieron los sonidos y la velocidad normal.

Sólo quedaba disfrutar los minutos restantes, aunque en ese momento tenía más ganas de ir a darle un abrazo a Don Buzo que de seguir haciendo fotos.

Es una locura pensar que lo había visto por primera vez hacía media hora y ya sentía que lo quería. Apenas terminamos, todos fueron a felicitar al famoso pescador.

Mientras esperaba mi turno para darle un abrazo y agradecerle, miré las fotos y me di cuenta de un detalle que tenía lógica, pero que me llamó mucho la atención, la primera foto fue tomada a las 18:17 y la última a las 18:34.

Y pensé "claro, el sol está terminando de caer, un atardecer no dura mucho tiempo" ¿Pero, ¿cómo se pueden vivir tantas cosas con esa intensidad en tan poco tiempo?

Terminé emocionalmente agotado y solo pasaron 17 minutos?!

Mientras pensaba en esto guardé todo el equipo y fui por mis ojotas, que había dejado a un costado del improvisado set, para estar más cómodo. Pero la marea había subido y en su lugar solo había agua. Consulté con mis compañeros para confirmar lo obvio: nadie las había visto, ya eran historia.

Amaba esas ojotas porque tenían valor sentimental, me las había regalado una colega en un viaje a Cancún porque olvidé empacar las mías, así soy, así vivo.

Mientras, a Don Buzo solo le faltaba firmar autógrafos, ¡Un genio! Cuando terminaron de saludarlo me acerqué, no supe poner en palabras toda mi gratitud, pero me aseguré de dejárselo bien en claro con un fuerte abrazo y una mirada cargada de admiración.

Luego salimos para el lado de su casa, lo acompañamos a él y a sus nietos un buen tramo.

Yo, que soy de caminar rápido, esta vez lo hice lo más lento que pude, pero lamentablemente enseguida tocó despedirnos.

En ese momento me di cuenta que él pronto se olvidaría de mi cara, pero yo jamás de la suya, pues su rostro quedaría inmortalizado en una pared de mi estudio. “La esencia de la fotografía”, pensé. Por esto, entre otras cosas mágicas, el retrato es mi género fotográfico preferido.

FOTO 3 "Primer Plano, Expresión más Relajada"

Después de la despedida sentí algo en mi interior, pero no se ilusionen, no fue nada místico ni mágico, habían vuelto los retorcijones con mucha más fuerza, como resentidos por haberlos olvidados. Necesitaba ver a un médico.

Teníamos unos 50 minutos hasta Trujillo y nuestro Bus salía en unas horas.

Por suerte César conocía un doctor que me recetó varios medicamentos y una dieta estricta.

Luego fuimos a cenar en un restaurante, los muchachos estaban hambrientos. ¡Jamás voy a olvidar esa cena, que vergüenza!

Entré al comedor descalzo, con el pantalón húmedo y con la mano agarrándome la panza, pedí de comer arroz blanco y pechuga de pollo a la plancha, y para beber agua.

Mientras ordenaba, lo miré al mesero con cara de "es una larga historia" y le pedí que me indicara donde estaba el baño. Me miró con un desconcierto tal, pero agradezco que no me haya echado, tal vez le di pena, porque no creo que haya muchos restaurantes que te permitan ingresar descalzo y mojado, aunque argumentes haber perdido tu calzado en el mar por estar haciendo fotos.

Mis compañeros se morían de risa, mientras pedían platos suculentos con una cervecita para acompañar.

No pude juzgarlos porque sabía que todo me iba a resultar gracioso cuando el dolor haya pasado, pero mientras tanto me permití odiarlos un poquito.

En los diez días que me quedaban en Perú pasaron muchas cosas, fuimos a hacer una producción de moda al desierto, por ejemplo, pero a esto lo desarrollaré en otra entrada del Blog, pues de esa experiencia no solo tengo fotos, sino que también nos grabaron una especie de documental junto a mi amigo Luis. ¡Fue una locura!

También hubo noches de amigos, chelas y piscos, inolvidables por cierto, con anécdotas muy graciosas, como corresponde.

Workshop y viaje con mi amigo César Salinas

Entre producciones, charlas y juntadas, se terminó mi estadía en Perú. Era hora de pegar la vuelta, y si bien las despedidas son un bajón, estaba feliz de regresar, sabía que debía disfrutar cada día en Argentina, porque eran pocos y me esperaba un largo viaje a España, aunque no sabía que iba a ser tan largo por culpa de una maldita pandemia mundial que me iba a sorprender solo en el viejo continente. Sí, obviamente ya hablaré de esa experiencia que fue una de las más impactantes de mi vida.

La noche anterior a mi vuelo, Alexis, un amigo limeño, junto a otros colegas organizaron un asado en su casa a modo despedida. Basta decir que nos sorprendió el sol bebiendo pisco y escuchando rock peruano y argentino, para ilustrarlos de lo bien que la pasamos.

Dice el dicho que "calavera no chilla" y que el pisco no da resaca, pero que difícil fue levantarse. Sonó el despertador, solo había dormido un par de horas y el primer sentimiento fue de culpa “¿Era necesario Emanuel, realmente era necesario?” y sonriendo me respondí “por supuesto”.

Los recuerdos iban apareciendo en mi cabeza y yo me reía a carcajadas solo como un loco en mi habitación.

Preparé el mate, puse música y empecé a acomodar las valijas. Hasta que pasó Cesar y nos fuimos a almorzar Ceviche de Conchas Negras, estaban ricas y picantes, pero muy picantes, yo temía por mi estómago, mi cuerpo ya empezaba a odiarme por todo lo que lo había hecho sufrir los últimos días, incluyendo esta resaca, claro.

Al terminar fuimos a la Universidad Tecnológica del Perú donde me hicieron una hermosa entrevista. Para mi sorpresa, a uno de los profesores de la facu de fotografía le gustaba mucho mi estilo y les hizo hacer unos trabajos prácticos a sus alumnos con respecto a mis fotos, fue muy grato saberlo.

Asado - Charla para la Academia - Workshop Estudio Trujillo

Ahora sí, ya quedaba muy poco para mi regreso, fuimos a cenar con los chicos antes de que me llevaran al aeropuerto. Esta despedida fue muy corta y tranquila, un poco porque estábamos rotos de la noche anterior y otro poco porque ya se terminaba de verdad.

Al bajar del auto, así como me pasó con Don Buzo, no encontré las palabras para agradecerles a mis compañeros todo lo que habían hecho por mí, entonces utilicé el mismo recurso: dejé que mi mirada y mi abrazo hablen por mí.

Otra lágrima que se escapa, un chiste para descomprimir y una última selfie antes del adiós.

Una vez en el avión me puse los auriculares, busqué la Playlist "Asadito" en Spotify y subí una historia a instagram con la última selfie que nos sacamos junto a unas palabras de agradecimiento, ahora sí, ya estaba listo para partir!

Empecé a sentir frío, así que busqué mi campera… “Un momento! ¿Dónde está?! ¡Mierda, mierda, mierda! Seguro la olvidé en algún lado”, pensé.

En ese momento llegó un WhatsApp de Cesar, una foto con una pregunta: “¿Esto es tuyo?”

Sonreí, “Es mi campera”, le dije, “La dejé a propósito para volver por ella el próximo año”.

¡Nos vemos pronto Perú!

Cesar entregandole a Don Buzo los cuadros

MATERIAL DE DESCARGA

Si te gustaron las fotos y las queres poner de fondo de pantalla en tu ordenador o celular, te dejo aquí el enlace con la resolución y calidad óptima: DESCARGAR PARA FONDO DE PANTALLA

Y si las queres mandar a imprimir para hacerte un cuadro te las dejo con la resolución óptima para 60x40cm: DESCARGAR PARA IMPRIMIR



PARA FOTÓGRAFOS

Para mis colegas que quieran saber como resolví de manera técnicas estas fotos, les dejo este material.

En este caso que el sol está tan bajo y por detrás de nuestro sujeto principal ,se genera un contraste muy alto, con una diferencia importante de EV entre luces y sombras. Por eso elijo cuidar las altas luces y utilizar el alto contraste a mi favor. Para esto hago una medición puntual en el fondo, en este caso el atardecer, expongo correctamente y hago la foto. De esta forma tendremos una silueta bien marcada, el fondo iluminado sin que se nos queme y nuestro retratado completamente oscuro. Es ahí donde entra a jugar el flash y un modificador iluminando correctamente lo que necesitemos, en esta foto obviamente a Don Buzo. De esta forma nos queda el atardecer y nuestro sujeto principal bien expuesto y el resto de la imagen donde no llegue la luz del flash va a quedar oscuro. A eso me refería con aprovechar el contraste, en cuanto a la fuerza de atracción visual lo claro le gana a lo oscuro, así que tenemos dos puntos fuertes, retratado y atardecer. Lo que sigue es muy sencillo, termino de elegir la cantidad de contraste en el motor de revelado subiendo sombras y negros. En otra entrada, si les interesa, podemos charlar sobre el rango dinámico y como aprovecharlo al máximo, junto a más trucos de exposición para lograr el resultado deseado.

En las siguientes fotos podemos ver lo explicado anteriormente. Suelo hacer la medición y disparar sin flash para ver cómo queda la silueta revisando el histograma para ver cómo está distribuida la información. Esto lleva solo unos segundos, si es que lo entendemos y lo practicamos mucho, luego colocamos nuestro flash igualando la exposición y listo, a fotear!!

IMPORTANTE: Si tienen alguna duda, me las dejan en los comentarios.



SOBRE "DON BUZO"

Don Buzo es un pescador nacido en Huanchaco, Trujillo. Su nombre es Alberto Rafael Ucañá Gutierrez y tiene 83 años de edad. Don Buzo nos cuenta que toda su vida vivió de la pesca y que comenzó de muy "tierno" antes de cumplir los 10 años, aprendiendo de su padre y otros pescadores mayores. Trabajó en embarcaciones a motores recorriendo todo el litoral peruano y también con caballitos de totora. Nuestro querido retratado también nos contó que ha tenido que dejar la pesca "un poco por la vista y otro poco por el oído, no escucho las olas o cuando me hablan" pero que sigue en la costa.



Producciones realizadas en los Workshops de Lima y Trujillo




AGRADECIMIENTOS

No podía terminar el post sin agradecerles a todos los que hicieron que esta aventura sea posible. Primero a Don Buzo y a su familia que dejaron todo lo que estaban haciendo para esta producción y accedieron con mucha ilusión y buena onda.

A mi amigo y hermano César Salinas que me sigue en todas mis locuras, sin él estas fotos no se hubieran logrado. Movió sus contactos, organizó y se subió conmigo en el bus siendo parte activa de esta hermosa experiencia de principio a fin.

A César Fernández que fue nuestro principal aliado en Trujillo. Él se encargó de que todo salga a la perfección, fue nuestro guía de lujo. También se encargó de llevarle los cuadros a Don Buzo.

A Jhonatan Thauma que se sumó al equipo y nos ayudó con la iluminación y la búsqueda de nuestro nemo, claro.

A mi amiga Jor Ferrari que me ayudó con la edición de este artículo, ha demostrado una vez más que su paciencia no tiene límites!

A la Academia Runa Fotos de trujillo que nos recibió y nos trató de maravillas! A mis amigos de Correa Pampa que siempre me apoyan en todos mis proyectos y viajes.

Y a ustedes, si es que llegaron hasta acá, sino no jaja.

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